Llegamos al centro comercial, sacamos nuestro móvil, buscamos su wifi y nos conectamos. Este es un comportamiento muy habitual en mucha gente. Normal, al conectarnos a una wifi ahorramos batería, datos y normalmente la conexión será más rápida que con 3G. Mucho se ha hablado del peligro de conectarse a redes wifi públicas, que pueden ser un señuelo para robar información de tu móvil, pero generalmente confiaremos en que la red del centro comercial sea segura. Sin embargo, con este sencillo gesto podemos estar dando una gran cantidad de información no deseada que luego pueden usar para exprimir nuestras carteras como si fuesen limones.

 

 

Esto es todo lo que saben de ti a través del WiFi

Gracias a la conexión Wifi, el centro comercial puede conocer nuestros movimientos por las tiendas, cuánto tiempo estamos, si es la primera vez que estamos o cuántas veces hemos estado antes, a qué horas sueles visitarlo, qué entradas usa y por dónde sale, si viene en coche o en transporte público… toda esta información puede servir al centro comercial para analizar las zonas en las que hay más tráfico, señalizar mejor y situar productos en lugares donde es más posible venderlos.

 

Entregando voluntariamente nuestros datos

Muchos centros comerciales piden hacer login con alguna red social, lo que en principio puede ser interpretado por el cliente como una comodidad que le evita introducir contraseñas complicadas, y no se da cuenta de que al hacerlo está entregando voluntariamente información privada como su email, teléfono, sus contactos y en muchos casos también dando a “me gusta” en la página del centro comercial con lo que encontrará publicidad en su muro.

Todo esto también es aplicable a las conexiones Bluetooth, a través de las que pueden saber qué modelo de coche tienes y de qué año. Con tu correo y acceso a tus intereses en Facebook, pueden emplear estos datos para dirigirte publicidad y ofertas con una precisión que no gustará demasiado a tu cuenta corriente. Todo esto no es ningún secreto, muchas empresas ofrecen servicios para analizar estos datos.

 

No existe el wifi gratis

Hasta aquí las cosas podían parecer inquietantes pero relativamente aceptables. Sin embargo la vigilancia que un centro comercial puede tener sobre los clientes a través del wifi puede alcanzar puntos absolutamente siniestros, como explica Chema Alonso en su blog Un informático en el lado del mal.

Para el centro comercial no es ni siquiera necesario que te conectes a su wifi, les basta con que tengas el wifi de tu teléfono activado. En caso de que no la hayas desactivado, el teléfono estará continuamente buscando las redes conocidas, enviando continuamente los datos de estas wifi.

El centro comercial puede detectarlo y a partir de ahí averiguar dónde vives, dónde trabajas, qué bares visitas, incluso saber qué operador de telefonía tienes contratado.

Poca gente ofrece cosas gratis y mucho menos en los centros comerciales. Es posible que no nos pidan euros a cambio de usar su wifi pero a cambio les estamos entregando prácticamente todos nuestros datos, y lo peor es que en estos casos no somos del todo conscientes que lo estamos haciendo, y mucha gente no lo sabe en absoluto.

 

La pesadilla de Philip K. Dick

En Minority Report, cinca de Steven Spielberg basada en un relato del eterno Philip K. Dick (Blade Runner), el protagonista entra en un centro comercial y al momento se ve rodeado de anuncios que se dirigen a él por su nombre. Nuestros teléfonos nos acercan a ese futuro.

No cabe duda de que el smartphone es una de las mejores herramientas que han caído en nuestras manos en los últimos años, pero precisamente eso ha hecho que prácticamente no podamos vivir sin él y que contenga información muy personal -muchas veces sin que nosotros la introduzcamos conscientemente- que en manos extrañas pueda ser usada con fines que puedan no ir del todo en nuestros mejores intereses.

El impacto que tenga en nuestra sociedad quizá sea tan grande que dentro de 50 años todo esto sea asumido como algo común y aceptable, pero actualmente muchos valoran su privacidad y saber que de un modo tan simple estamos dando tal cantidad de información sin duda es algo tremendamente lúgubre y orwelliano.

Eso sí, mañana tendremos en nuestro email una oferta que no podremos rechazar para comprar ese bolígrafo que escribe en gravedad cero que tanto necesitamos. ¿No es un mundo maravilloso el nuestro?