Los nuevos aparatos tecnológicos, principalmente nuestros smartphones, han acabado con nuestra educación. Esta es la principal conclusión del reciente estudio que acaba de publicar la compañía.

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Los nuevos aparatos tecnológicos, principalmente nuestros smartphones, han acabado con nuestra educación. Esta es la principal conclusión del reciente estudio que acaba de publicar la compañía de análisis Qualified Impressions después de analizar los usos y costumbres de más de 3.000 personas. La compañía asegura que los adultos tan sólo mantienen contacto ocultar directo entre el 30 y el 60% de la conversación, mientras que lo ideal sería hacerlo entre el 60 y el 70% del tiempo. ¿Dónde marcha nuestra atención cuando miramos a otra parte? En la mayor parte de las ocasiones, a nuestro teléfono móvil, cuando chequeamos si hemos recibido alguna nueva notificación. Pero también, mirando por encima de nuestro hombro o a otra parte, incapaces de concentrar nuestra atención en lo que nos están diciendo.

El estudio ponía de manifiesto otras conclusiones llamativas. Por ejemplo, que miramos menos a la otra persona cuando hablamos que cuando estamos escuchando: un 62% mientras se tiene el turno de palabra y un 43% cuando lo tiene la otra persona. También, que mantener demasiado la mirada fija en la otra persona puede ser perjudicial: aguantarla más de un 70% del tiempo es considerado como una intromisión en la privacidad de los demás, el célebre “no mires a los ojos a los extraños”.

 

Para los jóvenes es culturalmente aceptable responder al teléfono durante la comida como señalaba Sue Shellenbarger en The Wall Street Journal, esto afecta sobre todo a los veinteañeros y los nativos digitales, que han adoptado como costumbre natural mirar continuamente mirar sus móviles. “Para ellos, es casi culturalmente aceptable responder al teléfono durante la comida o mirar los resultados de los partidos de béisbol”, como afirmaba el presidente de la empresa, Noah Zandan. “Es un signo de compromiso mantener la mirada fija en la otra persona, así que cuando no lo haces, estás mostrando que no te interesa la conversación”.

La importancia de aguantar la mirada

El propio Mark Zuckerberg, CEO de Facebook, ha manifestado en alguna ocasión que no hay nada malo en echar un vistazo al móvil aunque estemos hablando con otra persona, ya ha manifestado que “todo eso de que la red separa a la gente es una exageración”. Más bien, cree Zuckerberg, es al revés, ya que Facebook y otras herramientas similares permitirían “mantenerse en contacto con la gente” y “formar parte del contexto de más personas diferentes”.

El FOMO (“fear of missing out” o “miedo de perderse algo”) es otra de las causas que pueden causar dicha situación, ya que impulsa a los más jóvenes a buscar continuamente en las redes sociales qué están haciendo los demás, una rutina que nos crea ansiedad porque nos hace pensar que nuestros amigos hacen cosas más interesantes que nosotros (aunque realmente no sea así).

Lo que dices es menos importante que cómo lo dices, sin embargo, recuerdan los expertos en comunicación, aprender a mirar correctamente a los ojos es esencial. ¿Por qué? Por varias razones, pero principalmente, porque mantener contacto visual es una señal de estatus, confianza y respeto, tres valores importantes a la hora de relacionarnos de forma extra verbal con los demás. Como señalaba el propio Zandan, “es absolutamente crucial que la gente entienda que hay muchas más cosas en la comunicación que el contenido que se comunica. Lo que dices es menos importante que cómo lo dices”.

Una peculiar investigación realizada por Simon Baron-Cohen señalaba que los fetos que se han visto expuestos a una mayor cantidad de testosterona en el útero suelen mantener menos el contacto visual una vez han nacido. Más allá de curiosidades como esta, en lo que se muestran de acuerdo la mayor parte de expertos es en que saber cómo mirar es algo que muchas personas saben hacer de manera natural y a otras les cuesta enormemente aprender a hacerlo. Pero, ¿de qué manera nuestra mirada desvela todas esas cuestiones?

Sinceridad. Los ojos suelen ser considerados las ventanas del alma, y como tales, los que de verdad indican si mentimos o decimos la verdad. Se cree que las personas sinceras son las que miran a los ojos y las que desvían la mirada, las que mienten, ya que de esa forma estarían preocupadas ante la posibilidad de que se les pillase en un renuncio. Sin embargo, esta idea de que los ojos pueden delatarnos es cada vez más dudosa, ya que, como señalaba un estudio publicado por Caroline Watt en la revista PLoS One, “aunque la mayor parte de la gente cree que el movimiento de los ojos tiene que ver con lo que la persona está pensando, no hemos descubierto ninguna relación entre ambos hechos”.

Estatus. La teoría evolucionista mantiene que la mirada es, desde hace milenios, uno de los signos de dominación más claros, y la manera por la cual los machos demostraban que eran el macho alfa. El que aparta primero la mirada, pierde, y el que baja la mirada muestra su sumisión al otro varón. Algo que, en teoría, también funcionaría con las mujeres, ya que mirarlas fijamente, aunque pueda parecer intimidante, sería una manera de mostrar nuestro interés y, por si fuera poco, nuestra masculinidad. Por eso se ha dicho que mirarlos fijamente es una buena manera de intimidar a nuestros enemigos.

Cordialidad. Como decíamos con anterioridad, mirar a los ojos es una señal de interés. Desviar la mirada es la señal más clara de que no nos interesa lo que nos están contando, y por lo tanto, que no somos merecedores de la atención de nadie. Pero también porque la mirada es lo que establece nuestra conexión emocional e intimidad con los demás, ya que es lo que permite esa empatía que, por ejemplo, desaparece totalmente en nuestras conversaciones en las redes sociales (las que nos suelen llevar a la confusión). Además, los antropólogos recuerdan que el lugar privilegiado de la cara en el que se encuentran los ojos indica que están hechos para comunicarnos con los demás, y no para ser ocultados.

Confianza. Las personas más inseguras tienden a mantener menos tiempo la mirada, aseguran diversos estudios. Pero no sólo eso, sino que como puso de manifiesto una investigación realizada con universitarios a los que se les presentaron diversas fotografías con rostros mirando directamente a cámara, los que manifestaban que dichas representaciones les causaban rechazo tenían una salud mental mucho menor que aquellos que las consideraban deseables. En definitiva, nuestra voluntad de mantener o desviar la mirada dice mucho de nuestro estado mental, e incluso del ánimo con el que nos levantamos: por lo general, aquellos días en que nos sentimos más decaídos tendemos a mantener la vista baja y no mirar a nadie en los ojos. Además, la gente que sufre depresión también está menos inclinada a aguantar la mirada.