Un estudio realizado por una investigadora llamada Teghan Lucas ha tratado de demostrar esa leyenda urbana según la cual todos tenemos un doble exacto a nosotros en alguna parte del mundo. Para ello Lucas hizo uso de una base de datos con fotos de personal militar de los Estados Unidos y analizó en detalle los rasgos de 4.000 personas, extrapolando luego la probabilidad de que dos personas se parecieran dentro de la población global.
 
 
 
Sus conclusiones son singulares: aunque hay 7.400 millones de personas en el mundo, solo hay 1 entre 135 posibilidades de que exista una sola pareja de dobles perfectos. La cosa cambia no obstante si hablamos de personas "muy parecidas", algo que otro proyecto destacable, el "I'm not a look-alike!" de François Brunelle, ha demostrado con pruebas evidentes: fotos de personas que no se conocen pero que casi parecen gemelas.
 

Parecidos sí, exactos no

Lucas explicaba cómo aquí su objetivo era encontrar personas idénticas incluso para aplicaciones de reconocimiento facial, no parecidas según nuestra propia percepción de esas caras. Para Brunelle, que ha fotografiado más de 200 parejas de dobles para su proyecto, las conclusiones eran válidas: puede que al ver separadas a dos personas éstas se parezcan muchísimo, pero una vez juntas las diferencias suelen saltar a la vista.
 
Ese estudio demuestra no obstante que las caras se almacenan en nuestro cerebro "más como un mapa que como una imagen". Cuando nos encontramos a alguien por la calle nuestro cerebro trata de reconocer ciertas características de forma individual -peinado, tono de piel-, pero la cosa se vuelve difícil si cambian de corte de pelo o llevan maquillaje. Para ese reconocimiento** el cerebro casi "deduce" quién es esa persona por la suma de sus partes**.
 
Las conclusiones de ese estudio son en cierto modo tranquilizadoras para nuestra seguridad -los sistemas de reconocimiento facial deberían identificar con toda garantía a una persona si la estudian con detalle y la diferenciarían de otra muy parecida-, pero ese resultado también deja claro que si buscamos a nuestro doble exacto, lo tenemos difícil.