El ayuno intermitente se ha convertido en la nueva moda en nutrición. Hay indicios de que alarga la vida y frena algunas enfermedades en animales, pero ¿es realmente una dieta saludable para humanos?

___________________________________________________________________________________

 

Hace unos 10.000 años nuestros antepasados se alimentaban del follaje y los frutos que recolectaban de la propia naturaleza para ir tirando, hasta que conseguían cazar un suculento animal y se podían dar un festín durante unos días. Este estado, entre el banquete y la escasez, es lo que ha hecho que nuestros hígados y músculos sean capaces de guardar carbohidratos de fácil acceso en forma de glucógenos y que nuestro tejido graso mantenga las reservas de larga duración, que nos permiten sobrevivir sin comer durante semanas.

 

“Los individuos cuyos cerebros, cuerpos y rendimiento físico eran óptimos en estado de ayuno tenían más probabilidades de obtener alimentos y competir con otros individuos que no eran capaces de funcionar a un nivel tan bueno”, asegura Mark Mattson, un neurocientífico del Instituto Nacional del Envejecimiento en Maryland (Estados Unidos) que lleva años estudiando los efectos del ayuno en el cerebro y practicándolo en sus propias carnes. Mattson no ingiere ningún alimento hasta las tres de la tarde, cuando comienzan sus seis horas felices en las que ingiere las 2.000 calorías que componen su dieta. Este hábito puede parecer extremo para quienes llevamos años oyendo lo importante que es comer cinco veces al día, pero según Mattson, los humanos estamos equipados para ello y, a la luz de las últimas investigaciones, practicar el ayuno tiene una gran cantidad de beneficios para la salud. Entre otros, la protección ante enfermedades cardíacas, cáncer, obesidad, diabetes y otras neurodegenerativas, como el alzhéimer, ya que parece que fomenta la regeneración neuronal y mejora el aprendizaje y la memoria.

 

 

Comer, pero saludable

 

Un ejemplo de cómo los resultados de una investigación pueden llegar a convertirse en un superventas sin paliativos es el de la Dieta de las 8 horas. Su autor, David Zinczenko, asegura que la dieta está basada en los trabajos de Satchidananda Panda, un investigador del Instituto Salk de Estudios Biológicos en La Jolla, California, que estudia los efectos de la alimentación con restricción de tiempo, según nuestro ritmo circadiano y su efecto en algunas enfermedades. El bestseller de Zinczenko, editor de una revista masculina, afirma que las personas que restringen su consumo de alimentos a ocho horas todos los días, cuando comen pueden hacerlo “sin mirar lo que ingieren”. Sin embargo el propio Panda, que no participó para nada en la elaboración del libro, niega que esta dieta esté sustentada en sus investigaciones. “Nunca afirmamos que podríamos hacer que los ratones gordos adelgazaran gracias a la dieta de ocho horas”, ha dicho.
 

“Es un error pensar que al ayunar estando obeso el organismo tira solo de la reserva de grasa”

 

El gran dilema es qué sucede pasados los años en personas sanas que practican como norma este tipo de ayuno. “Hay muy pocos datos de sus efectos a largo plazo, y mi suposición es que, al igual que la restricción excesiva de calorías prolongada en el tiempo, no va a ser viable”, dice Valter Longo, investigador del Instituto de Longevidad de la Universidad del Sur de California, otro de los científicos serios que están abanderando el estudio de las dinámicas genéticas, inmunológicas y metabólicas del ayuno para separar el grano de la paja.