En cierta ocasión Albert Einstein dijo bromeado: “Si pones la mano sobre una estufa caliente durante un minuto, te parecerá que pasa una hora. Si estás sentado en compañía de una chica bonita durante una hora, te parecerá que la hora pasa en un minuto. Esto es la relatividad”. El mismo Einstein decía que el “pasado y el futuro no son sino una ilusión, aunque, eso sí, muy convincente”. El sueño de poder conocer el futuro o regresar al pasado ha dado mucho juego en la literatura y el cine: del artefacto steampunk que ideó H. G. Welles en la novela La máquina del tiempo (Londres, 1895) al De Lorean tuneado de la saga Regreso al futuro, de Robert Zemeckis, o la serie española de televisión El Ministerio del Tiempo. Y desde que Einstein integró al tiempo como la cuarta coordenada (dimensión) de la geometría espacio-temporal, los viajes comenzaron a ser posibles en la imaginación de muchos.

 

La teoría de la relatividad es en realidad un conjunto de ecuaciones que describe de forma comprobada y precisa la realidad: está demostrado que el tiempo en el reloj de un piloto de avión pasa más despacio que el de los relojes en tierra, como la teoría predice; y los astronautas de la Estación Espacial Internacional (ISS) envejecen siete milisegundos menos cada seis meses que la gente en la Tierra. Según el físico teórico Stephen Hawking, este efecto de compresión del tiempo implica que, si una persona se pasara media vida viajando en un avión, su envejecimiento se retrasaría unos segundos. "Por supuesto", concluía Hawking, "ese efecto beneficioso se vería compensado con creces por la pésima comida que sirven las líneas aéreas".

Einstein descubrió que la velocidad de la luz (299.792 kilómetros por segundo) es la misma en todos los sistemas de referencia y constituye el límite máximo impuesto por la naturaleza. A velocidades próximas a la de la luz (299.792 kilómetros por segundo) el tiempo se ralentiza y casi llega a detenerse. Si fuese técnicamente posible construir una nave espacial lo suficientemente rápida, los viajeros no tendrán más que montarse en ella y volver a la Tierra. Para ellos solo habrán pasado unos meses mientras que en la Tierra serían varios siglos. Al bajar de la nave, los viajeros podrían conocer al fin el mundo del futuro y saber quién ganará la UEFA Champions Ligue.

 

Pero viajar al pasado es otra cuestión. Una fundación americana te organiza un viaje al futuro por la módica suma de 10 dólares. ¿Cómo? Invirtiéndolos a plazo fijo hasta que, dentro de 500 años, pongamos por caso, y gracias a los intereses acumulados, se pueda construir una máquina del tiempo para regresar a buscar a los que contrataron el servicio. Hay una pega: a velocidades superiores, los relojes marcharían hacia atrás. Sin embargo, las ecuaciones de Einstein no contemplan la posibilidad de regresar al pasado, salvo que se viaje más rápido que la luz, algo imposible. "La mejor prueba de que no es posible viajar al pasado es que no hemos sido invadidos por hordas de turistas del futuro", declaró en una ocasión Stephen Hawking.

 
Pero por si acaso, cámbiale las pilas al condensador de fluzo.